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carlos costa grajales

Carlos Costa Grajales

 

NI LA BUFANDA ME APRIETÓ TANTO”

 

Apuré el desayuno que la gallega e´ la pensión cada vez lo achica más; seguramente cree que estamos a dieta.

La ración de ese día era: galletas magras  y un poco de mermelada casera con gusto a fondo de olla quemao y la consabida rebanadita de queso finita como filo e’ navaja vieja. El té con leche,  mejor ni le digo... la leche teñida con té.-

Salí de casa.-        Mientras rajaba  a la parada m´iba calzando la manga zurda  del saco y enredando al ñudo del garguero como una de esas víboras  “boa costritora”  que hay en el Brasil, la bufanda de lana que me tejió la vieja, más larga que alfombra de iglesia.- Pobre vieja. “Pá que no se me engripe m´hijo, se la enrosca bien al pescuezo”,me dijo cuando me la dio.-

Al fin alcancé el 121. Subí al ómnibus justito y con la lengua afuera, como perro e´lechero.

Carricoche de gallegos rumbeando al barrio de pitucos: Pocitos; donde hace como más de cien años veraneaban los montevideanos é plata y que al tiempo se enllenó de bacanes con edificios de mármoles de Europa;  no de acá, eh.-

No debería ser tan resentido, me autocustiono y me lo digo a mi mismo, pa´dentro, sin hablar.-

 Al fin y al cabo el laburo de portero me da  pa comer la “gran paella” de la gallega y pagarme la pensión.- Bueno, como l´iba contando...

Agarro el boleto sin ganas. Como siempre sin mirar al guarda y con la mano alargada esperando el vuelto enfilo hacia  el fondo; es más tranquilo y me habitué a dormitar quince minutos más... .-Algo es algo.

Una vieja quiere bajarse tres paradas antes, me empuja y trastabillo, entonces caigo sentado contra el único asiento vacío del pasillo.- Enrosco más la bufanda costritora y apenas si abro un ojo pa´ mirar al  través de la ventanilla sucia y de la niebla a efetos de comprobar si mi rutina diaria me sirve de algo. Como una brújula sin norte pero  acostumbrao alvierto que efetivamente tamos en San José y Río Negro, frente al Bar Hispano.-

Casi hundo otra vez la sabiola entre la “boa de lana” y el gorro, cuando de un repente, sorprendido vi a Rafael.-

Iba junto a mi, pero tan ensimismado en quien sabe qué, que no alvirtió mi presencia o, pensé, no me reconoció debajo de aquel disfraz de esquimal.-

Sin embargo, ante mis: “buen día, viejo. Qué casualidad”, se despabiló y al tiempo que alargaba su mano en señal de saludo sonrió  sin ganas, apenas,  esas muecas e´ velorio,  como cuando uno saluda a un doliente varón. Porque las mujeres se largan a llorar y a aprietar en abrazos y los hombres sonríen como diciendo: “gracias hermano; qué le vamo´a hacer”.-

La cara de Rafael era de velorio. Ta bien que hacía un frío de c...pero no pa´tanto, tampoco.-

Qué hacé  Rafa, una vida que no nos vemo, che eh, una vida...”

En realidad hacía tan solo un año que yo lo visité y me convidaron pa´cenar. Pero, la  verdad, parecía una vida...

Sobretodo porque el Rafa no era el mismo. Estaba ojeroso, mal dormido, triste y cabeza gacha. Parecía que el alma se le había ido de vacaciones y había tardado mucho en volver. Le quedaba el envase, le quedaba.-

Me dije a mi mesmo  que los quince minutos de sueño bien valían la  pena un trueque por la charla con el Rafa, el Rafael, el amigo de siempre, que nunca veo.-

-¿Qué te pasa hermano? Estás fulero-le comento, (como si yo fuera el Tom Crus ...) y me cuenta, pobrecito.-

Me dijo que había tenido que vender su auto porque operaron a su mujer y necesitaba la plata.

¡Cache en Dió! Parece mentira, un tipo bueno como él jugarse una fulera y no llegar ni a placé. No se podía creer. Tan pedazo de pan, pucha digo, no se podía creer...

Parece, me dice, que lo de la mujer es jodido, es serio. Tan linda, con esa sonrisa estúpida de que “la vida me sonríe” y mirá vo´...justo a ella, justo a ella le viene a dar...

“Ché Rafa”, -le digo- “mirá que yo, plata no tengo, pero vo sabé en lo que pueda...pa´eso estamo los amigo, sinó ¿pa´cuando? Valiente, faltaba más”... .-

Lo dije de puro comedido nomá, porque en verdad, aunque quería no sabía en qué cosa lo podía ayudar. Yo, justo yo mire, que no tengo un mango y sirvo pa´ poco. Arreglar una estufa, la caldera del edificio, lustrar el bronce de los botones de la entrada... esas cosas, pero pa´que más. Mirame a mi cuidando enfermo, si no se ni pa´ qué sirven los tubos esos que les ponen en el hospital.-

¡Já! me acuerdo cuando el viejo, pobre... iba por ir, pero si no fuera por las mujeres, las hijas, yo no servía pa´nada. Pobre viejo...paz descanse.-

Igual me puse a las órdenes, como debe ser.

Entonce, el Rafa me dice: “mirá flaco,ya que me querés hacer la gamba, el favor...yo a vos te tengo confianza, nos conocemos de hace tiempo, no sos ningún tarado, ningún degenerado... ¿ porqué no te corrés hasta mi trabajo como a las cinco cuando salen los gurises? yo te pago el boleto y me los vas a buscar.- “Qué boleto ni boleto” le digo yo.- Pobre me mandó porque tenía que ir a buscar a los chicos a la escuela.  Lindos los chiquilines pobrecitos, nueve y siete; cazal. Ni hablar. Me ofrecí pa`ocuparme de ellos.-

Pucha digo, trago amargo pa´ pasarlo tan chiquitos.- El loco acetó por supuesto. Más que contento, ¡que mejor que yo pal mandao!

Casi me paso. Con la amargura que me dio. “Eh, gallego, esta es la mía”. Y me bajé con un estrujón en la garganta que no era por la bufanda que me tejió la vieja.-

 

La Elisa pobrecita salió hecha un pescao de la sala.- Los gurises contentos y ella apenas si podía sonreírles.

Ya no me parecía de estúpida  la sonrisa. Me dio lástima y se me estrujó la garganta e´nuevo y eso que no tenía la bufanda.-

Tuvo un tiempo largo en el hospital. Rafa iba día y noche y yo me quedaba en la casa con los gurises, puchero, sopa e´chancho, de todo les daba y los llevaba y los traía. Pobrecitos... angelitos e´Dio.-

Me acuerdo que una mañana friasa, tando en el trabajo la veterana del tercero se me quejó que el portero eletrico, tava sucio. “¡Va tar sucio!” -digo yo-. Si le paso lustre y encima con la escupida y el trapo le doy un brillo que tal cual si fuera de oro, mire. Vieja boba, como se ve que no tiene problemas, como otros, mire el pobre Rafa sino.-

Cuestión que la Elisa empeoraba día a día.

Yo me comedí pa´ir al curandero, pero el Rafa me dijo que no y uno tiene que respetar, así me enseñaron, pobre pero honrao y sobretodo educado.-

A la final se nos fue nomás.

Me da un ñudo en la garganta que no le puedo contar más.

Lo último y pa´ terminar le digo que el Rafa está en España, allá al  norte, por norteamérica y ahora en un rato, levanto los gurises y me voy pa´Carrasco, al aeropuerto. Se me van, se me van ellos también.-

Se me rompe el alma.  Bah, lo que me queda. Se me revienta en pedacitos. Y  ni le cuento, cuando sienta de nuevo el ruido que meten los motores  del avión....

Por lobitogabriel - 6 de Abril, 2006, 17:26, Categoría: cuento
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